La guerra tecnológica entre China y Taiwán no solo se libra en fábricas, laboratorios o despachos. También se está jugando en algo mucho más difícil de blindar: el talento. Según las autoridades taiwanesas, desde 2020 se han investigado 100 casos relacionados con el supuesto robo de ingenieros y especialistas del sector de los semiconductores por parte de empresas chinas que, en muchos casos, habrían operado a través de sociedades fantasma.
El último movimiento ha puesto bajo investigación a 11 nuevas firmas chinas, acusadas de ocultar su origen real para captar personal taiwanés sin autorización. La sospecha es seria, porque no hablamos de perfiles cualquiera, sino de profesionales con experiencia en chips, inteligencia artificial, litografía, memoria y fabricación avanzada. Es decir, justo el tipo de conocimiento que puede acelerar años enteros de desarrollo industrial.
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